Desde su nacimiento y durante varios siglos, ciencia y filosofía han seguido los mismos senderos sin diversificarse. Sin embargo, hoy en día su separación se contempla como algo natural. Hay diferentes opiniones sobre cuándo se empezó a producir esa dicotomía entre las dos culturas, como las llamó C.P Snow en 1959, pero una cosa es obvia, se está produciendo un acercamiento. Ciencia y filosofía vuelven a hablarse y desde este blog queremos ayudarles a andar de la mano junto con toda la sociedad.

Verano2011_400x400A principios de marzo tuve el placer de poder entrevistar a Antonio Diéguez durante el

A principios de marzo tuve el placer de poder entrevistar a Antonio Diéguez durante el III Congreso de Pensamiento Crítico y Divulgación Científica sobre esta falsa dicotomía y su evolución en la época actual. Diéguez es una de las personas más formadas en España para hablarnos de este tema. Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga, ha dedicado toda su vida adulta al estudio de la filosofía de la ciencia. Poco a poco ha ido especializándose en Filosofía de la Biología y de entre sus diversos libros publicados podemos destacar La vida bajo escrutinio. Una introducción a la filosofía de la biología, publicado en 2012 y su último libro, Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano, publicado a finales del año pasado.

Pregunta. Ciencia y filosofía andaban de la mano, ¿cuándo se empezó a producir su separación.
Respuesta. Hay opiniones muy diversas, hay quien sitúa ya la separación entre los saberes en la antigua Grecia y hay otros, entre los que yo me encuentro, que consideran que esta separación es más reciente, que se produjo alrededor del siglo XIX. Por ejemplo, si consideramos a dos grandes pensadores del siglo XVII como Newton y Leibniz, en la época actual los estudiamos a uno como científico y al otro como filósofo, sin embargo, ellos se sentían discutiendo sobre las mismas cuestiones, los dos tenían una gran mente matemática e inventaron el cálculo infinitesimal.

P. Y, ¿por qué de esta separación?
R. Parte de esa separación empieza a tener lugar cuando se crea la universidad humboltiana, los departamentos universitarios y las cátedras. Eso fuerza una división administrativa que se consagra cuando surgen las llamadas ciencias del espíritu, primero en Alemania, que luego derivarían en ciencias morales y humanas. Entonces ya se va configurando como una separación que se institucionaliza hasta que llega un momento en el que incluso cruzar cualquier frontera se vuelve como algo mal visto.

P. ¿Mal visto por parte de quién?
R. Prohibitivo tanto en filosofía como en ciencia. Para el científico era un desprestigio meterse en temas más amplios y menos especializados, y para el filósofo la ciencia era saber de cosas básicas y primarias que no te daban el sentido último de la vida, de la realidad, del universo. Es una separación completamente absurda que lleva al extremo el idealismo alemán, que habla de la naturaleza desde un punto de vista completamente opuesto a la ciencia. Un ejemplo de ello es lo que dice Hegel sobre la electricidad que no hay por dónde cogerlo.Afortunadamente esto solo lleva a una vía muerta, pero produjo un divorcio entre las llamadas dos culturas que ha durado hasta hoy.

P. ¿Y en qué momento nos encontramos?
R. Ahora empieza a haber signos de que se intenta reconducir la situación. En filosofía, en el ámbito anglosajón, por lo menos, tiene mucha fuerza lo que se llama el enfoque naturalista. El naturalismo filosófico, corriente de la que me considero partidario, intenta hacer filosofía en continuidad con la ciencia. No solo tomando información y datos de la ciencia sino también con la pretensión de que incluso desde el punto de vista metodológico no tiene por qué haber una dicotomía radical. Por desgracia, esto aún no es general y en ambos lados sigue habiendo intereses creados para que esta manera de investigar la naturaleza por separado siga de la misma manera.

P. ¿El reciente artículo en Nature sobre devolver la Ph al PhD, sería un signo de esto?*
R. Un artículo muy bueno, por cierto, lo publiqué en mi facebook. Efectivamente, es sintomático de que el cambio de mentalidad empieza a producirse, es una señal positiva porque los riesgos a los que nos tendremos que enfrentar son evidentes. Se necesita un debate no solo ético, sino sobre las consecuencias políticas y sociales que pueden tener los desarrollos biotecnológicos, quién los va a poder utilizar, qué efectos sociales va a tener el que se usen unos sí y otros no o por un grupo determinados de personas.

P. ¿Qué papel está jugando la filosofía de la ciencia en este cambio?
R. En las últimas décadas la filosofía de la ciencia ha experimentado un cambio radical. El círculo de Viena elaboró una filosofía de la ciencia en la que el modelo ideal era la física. Eso llevó a científicos de otros campos a imitar a la física para llegar a la autentificación. Por suerte, la filosofía de la ciencia se ha diversificado en muchos campos, y lo que están mostrando sus estudios recientes es que se hace muy buena ciencia de modos muy diferentes al de la física. La pretensión de que el método científico es uno y que además se parece mucho a lo que hace un físico es errónea. No tiene sentido hablar del método científico con mayúsculas, como ya había avisado Paul Feyerabend en los años 70, tendría más sentido hablar de los métodos de las ciencias en plural.

P. La física también ha experimentado grandes cambios.
R. Eso también ha influido en el cambio de mentalidad. De pronto surgen problemas como el intento de unificación de la teoría de la relatividad y la cuántica, que la teoría de cuerdas intenta solucionar, y muestran, primero, que las 2 mejores teorías que tenemos cuando se intentan compatibilizar dan problemas matemáticos y, segundo, que la propuesta de resolución que hay por el momento no son susceptibles de contrastación empírica.

2018-05-08

P. ¿Esto qué presupone?
R. Esto pone muy en cuestión algunas de las “verdades” que se habían establecido como evidentes para que algo fuera una auténtica ciencia. Y eso ha llevado a plantearse si es necesaria la contrastación experimental para tener buena ciencia. Hay físicos que dicen que la teoría de cuerdas no es auténtica física y otros que dicen que por qué empeñarse en que la contrastación empírica tenga que ser un requisito indispensable de una buena teoría física. Está habiendo cambios interesantes.

P. Usted está más centrado en la filosofía de la biología. Inmediatamente a todos nos viene a la cabeza la bioética. ¿Hay algo más allá de ella?
R. Por supuesto. De hecho, los planteamientos que se hacen en la filosofía de la biología prácticamente siempre excluyen a la bioética. Se considera una disciplina independiente. La filosofía de la biología no se realiza por profesionales de la ética o por científicos especializados en ética, nace desde el tronco de la filosofía de la ciencia y es desarrollada por profesionales que suelen tener una formación epistemológica, una formación en filosofía moral y por otra parte una formación científica.

P. ¿Cuáles han sido sus principales aportaciones?
R. Entre la filosofía y la biología se ha producido algo que no se produjo en la filosofía de la ciencia anterior, centrada en la física: una auténtica colaboración entre filósofos y biólogos. Las mejores revistas de filosofía de la biología, algunas de ellas son también de biología teórica, por ejemplo, Acta Biotheoretica. Además, en revistas como Biology Philosophy puedes encontrar muchos artículos firmados por biólogos o por biólogos y filósofos conjuntamente. Eso a mí me parece muy positivo porque los físicos jamás habían prestado atención a la filosofía de la ciencia basada en la física pese a que la hicieron físicos. Popper, Carnap y Kuhn eran físicos. Esta unión está llevando a resolver problemas a medio camino entre lo conceptual y lo empírico. Por ejemplo, definir con más precisión los conceptos de especie, gen y fitness (eficacia biológica).

P. A parte de esta dicotomía ciencia filosofía, también hay una separación entre ciencia y sociedad, ¿a qué cree que es debido?
R. Creo que una buena parte del crecimiento de la actitud anticientífica en los países con mayor formación científica se debe, precisamente, a que se empieza a percibir una cierta hostilidad de la ciencia frente a la ciudadanía, es decir, a que los científicos se desinteresan por los problemas de los ciudadanos.

P. Pero, ¿por qué se ha llegado a esta situación?
R. Todo empezó a cambiar mucho desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra, surge la mega ciencia (la conocida Big Science) y a partir de ahí la tecnociencia. Se invierte mucho en ciencia y se intenta convencer a la población de la necesidad de hacerlo. Sin embargo, a finales del siglo XX, cuando los recursos para financiar la ciencia empiezan a escasear, la competencia se vuelve durísima, surge esto de publica o perece y se empieza a cuantificar la producción científica. La enorme presión lleva a exacerbar las promesas, la tarea científica se devalúa y los científicos se convierten en trabajadores a destajo obligados a llevar un ritmo endemoniado y a los que se les desincentiva por completo cualquier tarea de autorreflexión. Cuando la gente empieza a percibir que la ciencia ya no es esa búsqueda de la verdad desinteresada, financiada por dinero público y abierta a la población, la imagen de las ciencias empieza a cambiar.

P. ¿Cómo se podría revertir esa situación?
R. Los científicos necesitan asumir su responsabilidad y va en detrimento de la percepción que el público va a tener de la ciencia el que no lo hagan. La ciencia está viviendo de la buena imagen que ha tenido como instrumento de liberación política y social frente a las supersticiones, frente a las tiranías. Pero esa imagen es muy lejana. Los científicos tienen que tomarse en serio esa tarea de comunicarse con el público, debe de incentivarse la divulgación científica. Debemos mejorar la alfabetización científica de los ciudadanos hasta cierto punto y luego, en la educación superior, intentar luchar contra la dicotomía de las dos culturas. Es verdaderamente lamentable escuchar a científicos de prestigio decir que la filosofía no sirve para nada y, por otra parte, escuchar a profesionales de la filosofía o de las humanidades reírse y reconocer abiertamente que no saben de ciencia, esto pasa incluso en tertulias radiofónicas. Nadie con formación universitaria debería de presumir de no tener ni idea de qué dice la teoría cuántica.

*El artículo de la revista Nature al que se hace referencia en la entrevista es: Train PhD students to be thinkers not just specialists. Nature 554, 277 (2018) Escrito por Gundula Bosch. Publicado el 14 de febrero de 2018.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s