Tesla, el Van Gogh de la ciencia

El científico que pasó del olvido a icono pop

Nikola Tesla es probablemente una de las figuras más controvertidas del panorama científico del siglo XIX. Idolatrado por unos y menospreciado por otros, ha llegado a ser un icono pop del que pocos conocen sus aportaciones tecnológicas a la vida moderna.

David Bowie lo interpretó para Christopher Nolan en “El Truco final. El prestigio”, un grupo de música puso su nombre en su honor y bautizó sus álbumes con nombres como Mechanical Resonance y The Great Radio Controversy. Sin embargo, si hiciéramos una encuesta preguntado sobre Tesla, un alto porcentaje de la población diría que es un coche autónomo. El automóvil Tesla le está quitando el sitio una vez más al excéntrico científico, a la vez que ensalza su figura en los ámbitos pop más cool. Elon Musk no bautizó el coche con su nombre en vano: Nikola Tesla, un científico retraído nacido en Smiljan (en la actual Croacia) en 1856, predijo un futuro en el que los coches se conducirían solos, el trabajo sería automático y las fábricas serían manejadas por robots, todo ello en una época donde los coches empezaban a emerger.

Tesla no era sólo un científico excéntrico con visiones futuristas, realizó numerosas contribuciones a la ciencia sin las cuales sería difícil entender el modelo de vida actual. La bobina de Tesla es la base de la radio y la televisión. La propia radio, cuya invención se atribuye a Marconi, podría considerarse también un in니콜라테슬라vento suyo, ya que en 1893 hizo la primera demostración pública de radiocomunicación en Saint Louis (Missouri).  Pero, sin lugar a duda, su más estimable contribución a los avances tecnológicos fue la fabricación del primer motor que funcionaba con corriente alterna. Esto le llevó a la popular batalla con Thomas Edison, conocida como “la guerra de las corrientes”. Thomas Edison contrató a este prominente científico a los 28 años, tras llegar de París con una carta de recomendación de un socio de Edison. Tesla, del que se tiene dudas de si llegó a terminar la carrera, enseguida vio los beneficios de aplicar la corriente alterna sobre la continua pero, según dicen, cegado por su vanidad, Edison no lo quiso aceptar. Westinghouse, sin embargo, sí que apostó por Tesla, compró sus patentes y lo contrató.

La corriente continua de Edison dominó el mercado hasta entrado el siglo XX pero Tesla ya le había vendido las patentes a Westinghouse y nuca recibió el reconocimiento que merecía. Pero no fueron ni la corriente alterna, ni la bobina de Tesla, ni la radio lo que lo ensalzó como figura de la cultura contemporánea, sino sus ideas y planos de invenciones que nunca llegaron a realizarse, como el death beam o la máquina de hacer terremotos, así como sus excéntricas demostraciones. Una vez llegó incluso a electrocutarse con 250.000V con la finalidad de demostrar la seguridad de la corriente alterna.

Tesla murió solo y pobre en 1956 en el hotel de New York donde residía, por lo que cumple con el prototipo de genio con personalidad extravagante que murió pobre. Podríamos decir que Tesla es el Van Gogh de la ciencia.

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